¨He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos”

(El Principito)  

 

Qué es lo invisible, qué es lo esencial que el ser humano a través de miles de años ha buscado insistentemente y donde no hay una respuesta científica que dé respuesta a esta interrogante, sino más bien se intenta responder con ideas o teorías desde el punto de vista existencial, esotérico, psicológico, filosofía o desde la teología. Estas respuestas suponen tener un bienestar individual-personal consigo mismo y con la vida, alcanzar un estado de plenitud y autorrealización del que generalmente el ser humano se preocupa sólo cuando las necesidades básicas están cubiertas. En algunos individuos éste vacío o inconformismo vital se puede llegar a presentar como la llamada “Noche oscura del alma”, poesía atribuida al fraile San Juan de la Cruz y que hace referencia al  tránsito doloroso y oscuro que debe pasar el alma en su proceso para acercarse a Dios. En este contexto, el encuentro consigo mismo, el auto-conocerse, se vuelve más imperioso aún, cuando estamos en medio de una sociedad que otorga validación individual en el tener, a lo externo, eso que puede o no hacernos valiosos para la comunidad en la que estamos insertos;  cobra una especial dimensión, cuando necesitamos ansiosamente ser, siendo desde allí donde podemos realmente crecer como seres humanos, ser la mejor versión de cada uno y desde lo que somos, sabemos y amamos de la vida, poder contribuir a nuestra sociedad, no porque debemos, sino porque queremos.

A través de la historia de la humanidad, las diversas culturas y civilizaciones han buscado y abordado este tema en forma de tradición oral o escrita, su cosmovisión, expresando su capacidad reflexiva en torno a sí mismo y entender lo que lo rodea. Así aparecen las sincronías culturales, inevitables, donde coinciden diferentes formas de alcanzar esta plenitud, pero con distintos nombres, doctrinas, deidades, etc. En estas similitudes, en las que se pueden hacer estudios históricos que siempre tendrán el riesgo de presentar falencias o si hubo interrelación entre ellas, no lo podemos saber con certeza, pero lo que sí se puede deducir según este análisis personal es que: somos uno, todo se relaciona con todo como causa y efecto en un continuo universal, el poder maravilloso de la mente y la intención, el efecto de nuestros sentimientos y emociones en nosotros mismos y los demás; somos energía que irradia, vibra y no muere, así como lo es cada cosa viva o inerte como una roca o el agua.